AB IMO PECTORE
Ab Imo Péctore
Tras la eufonía del trueno
Y el resplandor del rayo.
Sigo caminando, sereno.
-Nagare-
Par mío !alea iacta est!. Hemos escogido nuestra senda, perenne esperemos, que nos lleve al común encuentro entre hermanos. Tu que has sido iniciado en este espectro del saber por alguna sublime mano, o si has sufrido el señalamiento con el penetrante índice o la vorágine de las miradas; reconócete como iniciado también, pues para saberte miembro de la estirpe de los alquimistas, magos, nigromantes, taumaturgos y aun de los misántropos y anacoretas que no encuentran el sustratum de sus empeños, debiste saciarte con la risa temerosa de aquellos que has visto indignos de tu elevación, recuerda que áquila no cápit muscas. Para ello debiste quizá danzar alrededor de la pira de Zoroastro, sobreponerte al Ens Veneni conociendo el Ens Dei, cambiar unas piezas de oro por el Liber continentis infernalis que la burda masa cambiaria por la desesperada risa de un payaso, quizá tuviste que renunciar al centro para explorar la periferia, quisiste ver lo que era traslúcido para otros, no tuviste reparo en hundirte en la riada ni devolviste aquel libro al que salvaste de su mutismo. Es allá, en la fortificación de tu espíritu donde habita todo ello que ha sido despreciado y negado no tres sino mil veces por los farsantes, en donde encontrarás el plus ultra. Hallaras en la esquina al menesteroso que quiere beber de tu misma fuente, y ahí estaré yo, acompañándote hermano mío, embriagándome con aquel vino sublime mientras miramos hacia el horizonte, allá… si... por entre las nubes.
(Severino; desde el escriptorium)
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